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jueves, 18 de junio de 2015

Que salga el arco iris





¡Que salga el arco iris!



¡Basta ya de rojos con odios exacerbados!

¡Fuera los  azules podridos y capitalizados!

¡Adiós a los púrpuras derrotados!

¡Que no regresen jamás los grises uniformados!

¡Ni los morados empecinados!

¡Ni aquellos fanáticos rojos y negros

Que apagaron voces con flechas y yugos apretados!






Necesitamos una enorme paleta,

Donde quepan todos los colores de este planeta.



Preferimos, de arriba abajo, todo en tonos de verde,

Con ensoñadores paisajes donde la mirada se pierde.



Queremos  grandes extensiones doradas,

Donde los rayos del sol templen nuestras moradas.



Que no nos falten los tonos marrones,

Para ahuyentar a los tormentosos nubarrones.



Coloquemos aquí y allá populosas masas blancas,

Con manos alzadas contra las grandes bancas.



Devolvamos a cobro revertido al usurero negro,

Que con elegante frac persigue nuestro dinero.



¡Acabemos de una vez con los colores puros!

Porque solo nos aseguran futuros inseguros.





El arco iris nos ofrece una equilibrada balanza,

El fin de un alarga historia de malaventuranza.

En él se entrelaza y alberga con templanza

Una amplia gama para nuestra esperanza.

Análisis de "Grito en el mar" de Pío Baroja



 
Autor: Berta-Isabel Cuadrado Álvarez. Anochecer 11092011

 

 

Puede leer "Grito en el mar" aquí: https://drive.google.com/file/d/0B8Jn5frXj2SmT1E5T2F2Nm1xc00/view?usp=sharing

¿Puede identificar dónde encontramos, en este cuento, los rasgos del paisaje de su tierra natal? 

¿Cómo estos influyen en el modo de sentir y pensar del personaje?


 

Rasgos del paisaje de su tierra natal.

 
En este corto relato, Baroja nos lleva de la mano, a presenciar tres escenarios nocturnos diferentes: en el primero somos testigos de la fuerza inmensa del mar Cantábrico golpeando las rocas del acantilado, donde, en un momento dado, parece que se oye un grito desgarrador proveniente de una barca en peligro de extinción (“acantilado de la costa cantábrica”,  “murallón enorme”,  “batido por el empuje vigoroso del océano”,  “brisa húmeda cargada de olores de mar”,  “las olas estallaban  en las peñas con gran estruendo”,  “El Cantábrico”,  “el océano embestía con toda su fuerza”,  “saltaban nubes de espuma”,  “la niebla iba ennegreciéndose”, “una barca con la quilla al descubierto”,  “ave marina”).

Luego levantamos nuestra cabeza hacia el cielo que amenaza lluvia (“la noche estaba templada”, “la luna comenzaba a salir entre nubarrones oscuros”).

 Poco después emprendemos viaje de regreso hacia la aldea que nos llevará hasta la casa donde habita el narrador ( “el aire húmedo y perfumado … venía del bosque”, “se adivinaba la aldea”, “la silueta oscura de un caserío”, “casa solitaria del pueblo”).





Influencia del paisaje en el modo de sentir y pensar del personaje.


Aunque el lenguaje es muy descriptivo, no deja de estar exento de una gran carga poética que se manifiesta por medio de comparaciones como: ( La lluvia) “como lagrimones que brotan de un corazón oprimido”; (paisaje neblinoso se asemeja a) “un alma sumida en la tristeza”; (los charcos) “como trozos de espejo derramados”;  “olas que avanzan cautelosas, oscuras, pérfidas como el alma de la mujer”; (la brisa que salía del mar) “como lento y prolongado suspiro de un monstruo que duerme”,  las olas lanzaban (a la barca) como ariete, (rayo de luz) ”como mirada rojiza de un ojo siniestro”, (puertas) “como modulando sardónica carcajada”, “ la veo perderse (nota aguda de dolor) como un átomo de tristeza”.

Aunque el relato manifiesta a una gran carga emotiva, y poética, no está exento de términos, que de notan un conocimiento científico de un médico escritor : acero, cloruro de sodio, saludable, átomos,  fosforescente, cadáver,  plateando.

Pío Baroja sintió gran admiración por Charles Dickens, escritor inglés aficionado a la figura literaria de la personificación. En este breve relato encontramos varias ejemplos de personificación : “las rocas del pié del murallón espiaban los movimientos de las olas”, olas que…”van jadeantes, se fatigan,  se detiene para tomar alientos”; “como un átomo de tristeza, (la barca) crujía como si se quejara dulcemente", "las olas siguieron mugiendo y mugiendo", (rayo de luz) "que contemplara parpadeando la noche", "las desvencijadas puertas se estremecen y rechinan", “la tristeza inmensa de la noche”.

Por último, encontramos una sola metáfora,  “El monstruo” (mar), que resume la idea conjunta del relato. El mar presentado como un incesante devorador de pescadores.

La visión de este mar embravecido, trae a la mente del observador la idea de lo fácil que sería suicidarse en semejante escenario, algo que no tienta al narrador en ese momento ( “Dichoso de verme libre de mis amargas ideas”. Luego, ya en su morada, la reciente visión del mar y ese posible grito, traen a su mente un terrible recuerdo que parece atormentar su mente desde hace tiempo (“recuerdos de lejanas épocas se agolpan en mi mente”, (recuerdos) “ que contristan el ánimo”, "de entre todos (los recuerdos) se destaca en el fondo gris de un día de niebla aquella nota aguda de dolor y vibra en mis oídos"). Esta remembranza dolorosa podría ser la pérdida de un ser querido que pudo haber sido engullido por este mar mientras gritaba pidiendo socorro. De ahí la importancia del título “Grito en el mar”.



Siéntase libre de dejarme sus propios comentarios. Gracias por leerme.

jueves, 23 de abril de 2015

El placer de aprender a leer


Tomada el 28 de marzo de 2015, día de mi 60 cumpleaños. Pili es la alta, detrás de mi; Trini, la que se ve a la izquierda; le seguimos Isabel, Cecilia, yo y Josefina. Gracias por la cesta de flores.


Dedico este escrito a mis alumnas y amigas, en especial a Pili y Trinidad.



Pilar me dijo un día al oído, en secreto y medio avergonzada:    “Si un día das clase de alfabetización me apunto”.  Eso fue a comienzos del año 2014. Aquello se me quedó grabado, porque me sorprendió, que  en pleno siglo XXI, en España aún hubiera mujeres que no puedan leer o escribir, o que puedan leer  los caracteres sin comprender el mensaje, o que duden a la hora de elegir qué letra del alfabeto corresponde al sonido que oyen.


Después de las Navidades de 2015 comenzamos con las clases. Solo las tenemos los sábados. Dedicamos una hora a la alfabetización y una hora y media al manejo del PC. A alfabetización vienen dos alumnas, y a la siguiente, ellas dos más otras cuatro.


No hemos tenido clase algunos sábados, por puentes, debido a las fiestas, etc. Pero han aprovechado muy bien el tiempo.


Pilar empezó el curso sola. Temerosa de no escribir correctamente… Comenzamos con un breve dictado cada día. Luego una breve lectura de un libro para niños, “La paloma azul” de J. Luis Olaizola.  El primer día solo leímos la primera página de “La cacería”. Le costaba mucho hilvanar las letras para formar las palabras. Su lectura le tomó mucho tiempo y esfuerzo. Al final le pregunté “¿Qué recuerdas de lo leído?”. “Nada”, me dijo, “estoy tan pendiente de las letras que no me entero de lo que leo. No entiendo nada “.  “Vale. Ahora escúchame a mí.”, le dije, ” Te lo voy a leer yo y luego me dices si ya sabes de qué va la historia”. Mientras yo iba leyendo la observaba y me di cuenta de que sus ojos apagados tomaban un brillo especial de complacencia a medida que iba escuchando. Yo podía ver, a través de aquellas ventanitas que dejan translucir el fondo de su alma, que su cerebro asimilaba, mientras estaría creando en su mente imágenes  que antes no había percibido en aquella lectura. Dio un suspiro profundo cuando terminé y me comentó “Madre mía, qué distinto…¡qué bonito! Ahora lo entiendo. Es que cuando tú has leído es como si yo lo viera en mi cabeza, pero antes no… “ . “Vale. Ahora te lo voy a leer de nuevo. Y luego te pediré que me resumas lo que has escuchado. A ver qué tal”.  “¡Uf, con la mala memoria que tengo…!”, se quejó. Estuvo ensimismada durante mi segunda lectura, pero –para mi sorpresa-  fue capaz de contarme la mayor parte del relato.


Si yo le leía, ella lo captaba. Era capaz de asimilarlo y memorizarlo. Me pareció algo maravilloso.


“Bien. Ahora tú vas a ser capaz de leer como lo hago yo. Encontrando significado a lo que lees. Para ello debemos tener paciencia y lo haremos como un ejercicio obligatorio, hasta que seas capaz de leer frases completas que entiendas”. “Me parece muy bien”, aceptó llena de ilusión.


“Vas a comenzar aquí y hasta donde veamos que hay una pausa: una coma, un punto o un punto y coma. Estas pausas indican que debemos respirar hondo antes de seguir leyendo, para poder comprender lo que el escritor quiere decirnos ¿vale? Por eso no podemos saltarnos ninguna. ¡Eso es muy importante! O no entenderemos nada. Tampoco podemos separar las palabras, hay que leerlas de corrido… bueno…entonces, ahora pones el dedo índice al principio de la primera frase y con el de la mano izquierda marcas la primera pausa. El punto donde te tienes que parar a respirar hondo.”


Comenzó dubitativa… ” Huuu-bo un ti-empo en que Pisca vi -via  con su pa-dre su ma-dre”. “¡No! Te has pasado de la pausa y hay una palabra que has leído mal. Vuelve al principio…” Y releyó “Pisca” cuatro o cinco veces más, en vez de “PRISca”.  Pero luego ya no se pasaba de la coma. “Mira, VIVÍA, aquí hay una tilde que es un símbolo que quiere decir que debes leer la “Í” más fuerte para que suene bien.  “¡Uf, es que yo esto de los acentos, no sé…!”. “Sabrás, sabrás. No te preocupes… Vamos con la siguiente frase.”  Nos pasamos media hora con las tres primeras frases del libro. Repitiendo y repitiendo. Al final estaba muy cansada, pero dijo “Yo creo que ahora ya sé cómo lo tengo que hacer. Voy a ver si soy capaz, yo sola, en casa, de leer algo. Pero me resulta muy, muy difícil, porque me canso mucho. Mira yo no he leído nunca. Nunca me ha gustado. ¡Como nunca he entendido nada de lo que leía! … pues yo no le he encontrado el gusto a esto de leer”.


Durante las dos o tres clases siguientes seguimos con la lectura de forma similar.


Después de terminar la lectura de la primera página, le puse, como deberes, escribir una descripción su casa de pequeña.


No volvimos a hablar de la lectura. Solo la practicábamos.


Al cabo de un mes Trini se unió a la clase con Pili. Cuando comenzamos a practicar la lectura, Pili le comentó: “Al principio yo no entendía ni papa tampoco, pero he empezado un librito de mi hija, de cuando era pequeña…¡y me está gustando!”. “¡Vaya, Pili, no sabía que estabas leyendo en casa!", me sorprendí. “Sí, es que mi hija me dijo "“mira mamá, este libro lo leí en el cole y me gustó mucho, seguro que te resulta fácil!"”… y la verdad es que lo estoy pasando muy bien. Leo antes de dormirme, y me encanta, porque es un libro con muchas aventuras de niños de una escuela en distintos sitios donde van de vacaciones. Ahora están en un campamento de verano. Hacen cosas muy divertidas que yo nunca hice, y me lo paso muy bien!”.


Al cabo de unas clases Pili le había dejado otro libro de su hija a Trini, y ambas siguen enzarzadas en sus respectivas lecturas.


Tal vez es presunción mía pero las encuentro más felices, en general, y también cuando llegan a clase. Son muy trabajadoras. Están muy motivadas por aprender. Todo lo que les pido les parece correcto. Ahora hemos comenzado por la ortografía de la “b” y la “v”… y lo están haciendo muy bien.


Ambas me están haciendo muy feliz. Gracias a las dos por querer ser mis alumnas y por todo lo que me estáis enseñando.

martes, 10 de febrero de 2009

POEMA: Mi regalo de San Valentin


Osito mío,
Si yo tuviera certeza,
De que lo aceptarías
Te regalaría algo de especial belleza:
Te obsequiaría con mi ternura,
Te llenaría de besos,
Te colmaría de caricias,
Te brindaría la mejor de mis sonrisas,
E invertiría en ti mis segundos,
mis minutos, mis horas,
Y con el tiempo, mis días
Y mis noches.
Te llenaría de alegrías,
Y omitiría los reproches.
Más como no la tengo,
Te daré algo
Que para ti sea de valor
Y a mí no me cause dolor.
Algo suave,
flexible,
Elegante
y de color.
Algo que te de calor,
Y que al rozar tu delicada piel,
Te traiga a la memoria
La metáfora de mi amor:
Amoroso,
Resplandeciente,
Alegre
Y resistente.

¡Ojalá que no lo tengas repetido!
Ni me lo devuelvas,
Con gesto desagradecido.
Supongo que no responderás presto
A este pequeño gesto,
Aunque sueña con ser correspondido.


}:-D

Madrid, 10/02/2009 15:25:39

P.D.
Este regalo quedó sin ser entregado
por no encontrar a la persona
para quien había sido comprado
¡Tal vez el año próximo!...
¡No hay que perder la esperanza!
De todas formas...el poder sentir amor
¡ya es un buen regalo!

POEMA: Sin ti

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sin ti

Al alba,
Entristecidos trinos las avecillas entonaban,
Porque sin ti los días despertaban
Mi amor,
Sin ti.

Al mediodía,
La viveza de sus centelleos
El astro me esquivaba,
Porque mi calidez
Al creer en ti guardaba
Mi amor,
En mi.

Al atardecer,
Por la alameda
Las tonalidades de sus arbustos me escondían,
Porque mis pómulos
Aún atesoraban el matiz que me pintaste
Mi amor,
El último día que me encontraste.

Al anochecer,
Con amortiguado fulgor
La luna nueva me alumbraría,
Porque sin ir a tu lado
La solitaria senda recorría
Mi amor,
Y sin que tu acogedora mano
Enlazara la mía.

Madrid, 10/02/2009 9:00:33

miércoles, 10 de diciembre de 2008

POEMA: Pasajera sin destino


"La viajera"
de Camilo Mori












Mi equipaje,
mucho há empacado,
Va ligero,
como querría Machado.
En mi escasa valija:
Unos pocos recuerdos,
Algunos sueños,
Sonrisas,
Besos,
Caricias...
Pensará él:
"¡Cuánta baratija!"
Fruslerías para que él elija...

- “¿Destino?”
Me preguntó la taquillera.
- “Elija usted...
¡Donde usted quiera!”
- A la Eternidad le venderé.
- Si no queda otra...
¡Allí lo encontraré!

Cuál Penélope paseando,
Desesperando espero
Al amado por el que muero.
Pasó un tren repleto,
Luego otro y otro,
Para mí vacío
Sin mi ser querido.
No te he reconocido
O no te he visto.
No me he subido.

Me pareció ir en tu tren.
Que estaba en él.
Siento como se apresura,
A entrar en mi edad de la espesura,
Mientras adolece mi mesura,
Siento plena mi ternura.
¿Estás de pié o viajas sentado?
¿Vas lejos o estás a mi lado?
Presiento tu temor...
Te resistes a abandonar tu desamor.
Ya no te encuentro.
Tu ausencia
Fomenta mi desaliento.
Tu presencia
Era mi alimento.

No me rehuyas tu mirada
No me escondas tus caricias.
No me borres de tus sueños.
Dime al menos una palabra...
Mi viaje se acaba.
¿Me dejarás bajar
Donde yo no quiero,
Ni es mi intención?
Si no me dices nada
Me bajaré en la próxima estación.
¿Vas o vienes?
¡Cuánto tardas, mi amor!
¿En qué tanto te entretienes?
¡Cómo temo,
Sin tu amada protección!
Sacaste tu paleta
Elegida con toda intención,
De tonos grises y fríos,
Para colorear así,
Los días míos.
Ni marrones ni dorados,
Están entre tu elección.

Saco mi pañuelo,
Seco mis lágrimas.
Me lo tomaré con calma,
Y para que me sirva de consuelo
¡Suena quena,
que tus notas alivien
Las heridas de mi alma!
Saboreo tu recuerdo amargo...
Y me pregunto si aún te aguardo.


Madrid, 10 de noviembre de 2008

RELATO: La Caléndula


Aunque al principio estaba nervioso poco a poco se tranquilizó. Aquel joven pianista le había parecido de fiar a pesar del corto tiempo que se conocían. A penas hubo conversado con él por primera vez, se dio cuenta de que era todo un caballero y lo suficiente sensible como para comprender el asunto que le preocupaba. No tuvo la menor duda de que, a partir de aquel instante, todo cambiaría, tanto para él como para su hija. Él la adoraba y era capaz de hacer por ella cualquier cosa. No dudó en invitarle a su casa. Como era un hombre generoso trató a su convidado cual príncipe, dentro de las estrecheces que su familia pasaba. Puso la disculpa de que a su hija le encantaría escucharle tocar el piano, pero él era sabedor de que estaba estropeado desde que su esposa falleció. ¡Al fin y al cabo era una razón de peso para convencer a un pianista a visitar su humilde morada! Cuando el joven llegó, él tuvo en cuenta la cara de agrado con que miró a su hija por primera vez. Desde entonces ya no le quedó la menor duda de que había acertado en el hombre elegido para sacar a su adorada descendiente del sueño irreal en que se hallaba sumergida desde la ausencia de su madre. Su querida esposa enfermó gravemente cuando la niña contaba tan solo con 5 años de edad. Estaban muy unidas. Úrsula, que así se llamaba la finada, no tenía ojos ni voluntad más que para cuidar de su pequeña. Le hacía vestiditos para su muñeca, le ayudaba a vestirla, las dos la llevaban de paseo por el malecón, le hacían comiditas... Eran inseparables, hasta que la enferma no tuvo más remedio que abandonar lo que más quería por fuerza mayor y muy a su pesar. Desde entonces, Caléndula -le habían puesto ese nombre por ser el de una de las flores favoritas de su madre- no volvió a salir a la calle. Suplía la realidad, que no era de su agrado, por un mundo de quimera. Sus manitas creaban cada mañana un hermoso jardín florido, donde los pétalos eran sustituidos por abigarrados paraguas desplegados. Su hermosa cabecita era capaz de inventar todo tipo de historias sobre las sombras que la vidriera pintaba al transitar delante de sus cristales traslúcidos. Ella amaba, sobre todas las cosas, al balcón que había dado cobijo a la hamaca en la que su progenitora solía tomar el sol cada mañana. La pequeña se sentaba a sus pies y, aunque fingía dormir, se mantenía alerta a cualquier quejido o movimiento de su madre. Unas veces sus manos de nácar le ofrecían agua fresca a sorbitos, otras se la pasaban agitando sin cesar un abanico. Su corto juicio barruntaba, que mientras que su madre recibiera aquel aire fresco, no se olvidaría de respirar. Pero una mañana lo hizo. Y por más súplicas, gritos, llantos y sacudidas que recibió de la pequeña, su cuerpo había incumplido para siempre su promesa de no abandonarla jamás. El padre contempló con alborozo cómo ella fue abriendo su corazón al desconocido. El pianista comenzó a ganarse su amistad, hasta que ella poco a poco lo hizo su confidente. El padre pudo respirar aliviado porque su Caléndula había florecido en alguien real con quien platicar, capaz de prestarle sus oídos sin dar la menor importancia a que su cabeza, de vez en cuando, deambulara con rumbo incierto. ¡Por fin!... ¡Cómo ansiaba ir a reunirse con su amada sin más tardanza! 

 

Berta Madrid, 4, diciembre, 2008 Relato basado el "El Balcón" de Felisberto Hernández y en la frase de mi compañera del Taller de Escriture "Pluma y Tintero", Isabel Fraile: "Aunque al principio estaba nervioso poco a poco se tranquilizó". 

Para saber más sobre la calédula visite: Calendula

jueves, 20 de noviembre de 2008

CUENTO: La princesa Sadeene
















Dedicado a mi amiga Shabeene

Érase una vez una Princesa, por nombre Sadeene, que moraba en un país muy apartado. Tan remoto, que nunca hubieses sido capaz de encontrarlo en el mapa, por mucho que te empeñaras en escudriñar el susodicho. Su apelativo, Sadeene, * le venía como anillo al dedo, porque hubo un momento en su vida que realmente era la Princesa más tristona que jamás habitara el universo. Era agraciada, más diminuta que Pulgarcita, de tez más albina que las cumbres del Kilimanjaro, sus ojillos y cabellos, de negro tan penetrante, que los de Luther King resultarían claros junto a los suyos, y de carácter más repipi y femenil que el de la Princesa del Guisante.


Nuestra Princesa creció vivaracha como una pandereta, y tan bien instruida que hasta Bernard Shaw la hubiese admirado por su juicio e ilustración. Aunque tenía en mente no casarse nunca y reinar como si otra Isabel I de Inglaterra fuese. Un buen -o mal momento, depende de cómo se mire- fue a tropezarse, al albur, con un majestuoso Príncipe que le hizo tilín, y la engatusó de tal manera con su verborrea intelectual, que se encontró en la disyuntiva de tener que darle el sí nada más que él hizo atisbos de requebrarla.


Todo se dejaba transcurrir tan felizmente en aquel dominio, que incluso las moscas se habían largado al país vecino hastiadas de tanta plenitud. Hasta que en una desdichada hora el malaje se dejó caer por allí. Cabalgaba el Príncipe en su corcel –¿Cómo podría haber sido de otra manera? Por lo poco más que acostumbraba a hacer, y porque eso es lo que suele ocurrir en todos estos cuentos- y tuvo un mal tropiezo, asi que allí se quedó su vida despanzurrada boca arriba, y sin darle tiempo a decir ni un "ay", se alejó para siempre de este mundo, y de su Princesa, yéndose a morar a no se sabe cuál.


¡Héteme ahí, a mi linda Princesa, más desesperada que a un yonki en el pico más alto de su mono! Su tesón, que siempre había sido más férreo que las vías del AVE, se trocó en natillas. No se encontraba forma de confortarla. Ni Fofito ni Milikito la hubieran sacado una sonrisa. Así que aseguró los ribetes de su boca bajo candado de seguridad, condenando a su blanco ejército a cadena perpetua. Tanto bajo los rayos del sol como los de la luna, durante el desvelo y el sueño, con sinsabor más amargo que la cicuta, plañía en pos de su ser adorado. Lloraba hasta tal punto, que sus lágrimas preñaron de fertilidad todos los campos de labranza de su reino durante un cúmulo de dilatados años. Los segundos de cada jornada se mudaron en milenios, y las horas se le mostraban tan perennes que, de una a otra, le llegó a medrar el pelo varios centímetros. Su trenza se hizo tan longa y fatigosa que necesitaron acoplarle un carrito para poder acarrearla en sus desesperadas idas y venidas por los exuberantes jardines de palacio. Su crisis se hizo tan abismal, ¡que ni Zapatero le hubiera encontrado enmienda! Podría decirse que, en aquella época, más que Sadeene hubiera que haberla llamado Sadeeness *, por la gran tribulación de la que era presa.


Durante uno de aquellos crepúsculos en los que nuestra Sadeene deambulaba arrastrando su agonía y su trenza -por chiripa y sin querer la cosa- fue a toparse con un galán que resultó ser –como más tarde ella descubriera- un Príncipe que estaba gobernando no mucho más allá de su país. Nunca antes sus ojos se fijaron en varón alguno después de la privación de su idolatrado. Pero aquél mismísimo instante Sadeene –sin saber cómo ni porqué- vio a aquél y se fijó en él. ¡Vaya si se fijó!... Como que, desde aquel momento, él se hizo un huequito en su intelecto empezando a llenarla de certidumbres y regocijos. (Hay que reconocer que su desasosiego era basado en fundamentos de peso, teniendo en cuenta que el Noble estaba casi tan bueno como el Príncipe Felipe, ¡ahí es ná!). Sus tropiezos se hicieron cada vez más fortuitos, acelerando su secuencia, hasta que llegaron a ser como el sorteo de la ONCE: un día sí y el otro también. Él, además de buen mozo, era el hombre más jocoso y lúcido que ella hubiera podido fantasear nunca. Todo lo que él parlotease o urdiera le resultaba saleroso a nuestra Princesa. Era capaz de hacerla desternillarse tanto que, al cabo de la jornada, reposaba tan plácida y sonriente como Pituso, mi gato persa. Más dichosa que los Siete Enanitos lo eran junto a Blanca Nieves. Así que, poquito a poco, las ojeritas de Sadeene pasaron de tiznarse de negro a malva –que dicen que es el tinte del amor ¿Sabrá nuestro psique de qué tono colorearse cuando ama?- Su piquito dorado, al principio, pronto dejó asomar risitas distendidas, que con el tiempo se tornaron francas, y el escándalo se introdujo en palacio cuando se le oyeron las carcajadas. La viudita se había vuelto jaranera... ¡Era intolerable! Ni porque le bajaran su pensión de viudedad, ni porque le subieran el IVA, ni porque sus súbditos se declararan en huelga... ¡Nada reprimió su júbilo! Pues... ¡Era necesario desposarlos presto -maquinó el Obispo- porque aquello ya era pábulo de todos los corrillos del feudo!


Sublevóse al principio Sadeene, porque era aún más flamante que la Princesa Letizia. Aunque al cabo del escaso intervalo de cumplir el anuario, aquel Príncipe logró enzarzar ya su corazón de tal manera -ciñéndoselo tan fuerte contra el suyo- que no le pudo sostener ni un "aguanta" ni un "no"... Así que una hermosa madrugada de primavera, ella no tuvo más remedio que darle el sí. Para exhibir su rehabilitada dicha al cosmos, la mañana del desposorio ella se negó a llevar tul. Desatando su mata de pelo, fue como flotando a la capilla. Mientras, cientos de pajecillos la seguían en derredor, ansiosos de domar sus inagotables cabellos que se cimbreaban en torbellino.



* NOTA:
Sad= adjetivo inglés que significa "triste".
Sadness= nombre inglés que significa "tristeza"


Madrid, 9 de noviembre de 2008

jueves, 6 de noviembre de 2008

POEMA: Si yo lo tuviera todo













Si yo lo tuviera todo,
Más el amor me faltara,
Nada sería.
El sentido mi existencia perdería,
Tornándose en dolor.
Mi vida todo lo apuesta...
Al amor.
Y lo que no lo es,
A mi ser sosiego resta.


Madrid, 6 de noviembre de 2008