El marcador japonés
Ella lo necesitaba como el verano al agua. No podía dejar de creer que él la amaba. Así que imaginó que cada movimiento que él hacía era en torno suyo. Le gustaba pensar que en sus paseos él salía para encontrarla. Y quería que siempre mirara para el lado donde ella estaba. Le gustaba pensar que era porque a él le encantaba verla. Que le parecía frágil, hermosa, delicada, llena de vida y de amor por él. Eso le llenaba de alegría a diario. Hacía que se sintiera bonita, deseada, amada...Le alegraba el corazón y le daba un motivo importante para hacerle la vida más agradable. Un día ella se sintió enferma. Tuvo que ir a comprar un jarabe de hierbas para la tos. Al regresar, de vuelta a casa, donde nadie la esperaba. Él estaba en el camino, como aguardándola preocupado. A ella le gustó pensar que él -que estaba entretenido leyendo un folleto entre sus manos- había salido a su encuentro porque quería saber lo grave que se encontraba, o para socorrerla en caso de que se desmayara. Rápid...