Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como El_Bierzo

Cap. 2. La mujer de negro - Primeros recuerdos: La fuga

Imagen
  Hay recuerdos que no se borran: se quedan suspendidos en la luz dorada de la infancia, como si el tiempo los hubiera bordado con hilo de emoción. Entre el rumor del arrollo y el eco de una voz que llama desde lejos, la niña que fui corre aún por aquel camino recto, flanqueado de chopos y margaritas. Cada paso suyo es una fuga y un regreso, una travesura que se convierte en aprendizaje.  En esta memoria —que huele a hierba fresca, ropa limpia, y suena al correr del agua cristalina— revivo el instante en que descubrí que correr también podía ser un juego de amor. Aquella primera vivienda de mis padres era una casa de dos plantas. La vi situada en la carretera principal, la que hoy llega a Ponferrada, haciendo esquina con la Calle de la Iglesia, hasta que yo era adulta. Me dolió cuando desapareció para dejar lugar a una hermosa mansión moderna con una valla encementada. Desde nuestra terraza aún, después de los años, veo aquel hermoso paisaje, todo verde, frondoso, con manchas ...

Cap.2. La mujer de negro - Primeros recuerdos: Mi primer mural

Imagen
  Algunos recuerdos de infancia regresan con la claridad de una cocina pequeña: el fogón encendido, el chal de lana, los recortes de tela sobre la pizarra del sastre y aquella libertad silenciosa en la que una niña inventaba su propio mundo. Entre hormigas rojas, azulejos convertidos en lienzo y el asombro divertido de una madre, descubrí que mi impulso creativo venía de lejos.  Cuando era pequeña, Fernando, el sastre, me cuidaba si mamá no podía llevarme consigo. Mientras tanto, yo me entretenía con recortes de tela —grises o azules, casi siempre— que combinaba sobre una gran piedra de pizarra que formaba el descansillo de la escalera, como si estuviera haciendo puzles. Fernando, bajo un haz de luz proveniente de un ventanuco cuya contra de madera mantenía abierta, marcaba con un jabón que olía a rosas, cortaba las telas con unas tijeras muy afiladas —¡ras, ras!— resonaba el corte sobre la madera de la mesa. Después sobrehilaba: una puntada tras otra, mientras su mano derecha...

Cap. 2. La mujer de negro - Primeros recuerdos: La boda

Imagen
  Hay historias familiares que llegan envueltas en humor, en silencios y en pequeñas exageraciones que el tiempo convierte en verdad. Crecemos escuchándolas sin saber que, en realidad, son la raíz de quienes somos. Este capítulo recoge una de esas escenas fundacionales: el encuentro imposible de mis padres, sus miedos, sus terquedades y la boda humilde que abrió el camino de nuestra familia. En este capítulo regreso a los orígenes de mi familia: un amor improbable, una boda pobre y un comienzo lleno de riesgos, humor y dignidad. Mamá había conocido a mi padre, dos años antes, en una fiesta de Carnaval. Ambos estaban disfrazados. Ella de hombre y él de payaso. Él llevaba un palo y le dio un golpe en el cogote. —¡Animal! ¿Es que quieres matarme? Papá le sonrió. No me extraña que la enamorara: su sonrisa era encantadora. A veces, cuando papá se escapaba de noche a ver a su novia, tenía que esconderse tumbado en los surcos de las fincas de maíz o frutales. Por entonces aún corrían por ...

Cap. 2. La mujer de negro - Primeros recuerdos: Nací en la casa de un sastre

Imagen
  Nací en una casa de piedra, sobre el taller silencioso de un sastre solitario. De aquellos días sólo guardo destellos: una luz temprana, el frío de las paredes, el rumor de mi madre pedaleando hacia Ponferrada. Allí empezó todo, entre telas negras y memorias que otros me contaron antes de que yo pudiera recordarlas. ***** No es fácil escribir sobre los primeros recuerdos. Lo que guardo en la mente es una mezcla de imágenes vividas y relatos que otros pusieron en mis oídos. La memoria, a veces, es un telar donde se confunden los hilos. Nací el 28 de marzo de 1955. Me dijeron que era miércoles, y con eso me quedé. También que fue temprano, sobre las seis de la mañana. Tal vez por eso nunca me ha molestado madrugar: como si el cuerpo recordara la hora en que empezó todo. Vine al mundo en una casa antigua, de piedra, fría en invierno y fresca en verano. Mis padres alquilaban la parte de arriba a Fernando, el sastre. Era un hombre enjuto, de pelo rizado y canoso, siempre vestido de ne...

Dehesas revisitada.

Imagen
Dehesas se extiende adormecida junto a la vereda del Sil aurífero y, abrazada por milenarias montañas bercianas, oculta su belleza exuberante entre frondosas choperas. Hacía cinco años que no iba a mi pueblo natal -Dehesas- , no porque no me guste, sino porque opté por no seguir haciéndome daño con algo que era irreparable. Me alegro me haber superado y liberado de ese profundo sufrimiento, que me había durado tantos años, al ver a seres tan amados para mí -como mi madre y mi difunto esposo, entre otros- atrapados bajo la frialdad de una lápida. Mi madre falleció el 2 de febrero de 1987, y cuando aún no había superado el hecho de haber perdido su presencia física –que no espiritual- sobrevino el fallecimiento de Vicente, el 2 de julio de 1994. Todo el mundo dice que teniendo dos hijos todo es más llevadero...Para mí los seres que se han cruzado en mi vida, y han dejado su huella en ella , de alguna manera, permanecen adormilados en el recuerdo. Todos, en algún momento, me son necesari...