Cap. 3. Casa nueva - Imágenes inolvidables
Algunas imágenes se quedan para siempre en la memoria infantil: una sábana convertida en pantalla, el olor a harina y patatas, el regazo de mi madre y unos faroles gigantes iluminando la oscuridad. Así empezó mi manera de mirar el mundo. Tengo una imagen en la mente de la primera película que presencié. No fue en una sala cinematográfica, sino en la tienda de ultramarinos. Tenían un almacén y allí, sentados en los sacos que albergaban cereales o algo parecido, veíamos las películas. Nos acomodábamos sobre aquella blandura, entre el olor a harina, salvado y patatas. Yo, en el regazo de mi madre, miraba aquella película en blanco y negro. La única imagen que quedó grabada en mi mente fueron unos faroles muy grandes que aparecieron en la pantalla. La ocupaban entera. Me debieron de impresionar por su tamaño. Sé que se titulaba “El Cristo de los faroles”. Así solíamos ver las primeras películas en los pueblos. La primera vez que vi la televisión fue en el Bar de Toño. En el otoño de ...