Las pesadillas de Pepo
Entre lo mágico y lo absurdo Se sentía bastante incómodo. —¿Y ahora qué te pasa, Pepo? ¿A qué viene ese meneo de orejas? Con las tijeras volvió a recortarse aquella barba negra y espesa que le colgaba como una bufanda mal tricotada. Afeitarse no le molestaba; ya era costumbre. Pero aquellas barbas repentinas… ¡eran insoportables! Soltó un respingo de mal humor. A través del espejo vio cómo Pepo agitaba sus largas orejas con una solemnidad que casi daba miedo. Le conmovió su inteligencia. ¿Cómo era posible que aquel peludo adivinara lo que pensaba? Pero sí. Aquel chucho lo sabía. Era el único ser del planeta capaz de comprender lo que le ocurría y su estado de ánimo. Al principio no lo relacionó. ¿Cómo iba a hacerlo? Siguió cortándose la barba. —Creo que por hoy lo dejo aquí. Me pasaré la maquinilla ahora. Pepo movía las orejas al compás del zumbido sordo de la máquina, como si marcara el ritmo de un ritual antiguo. —¿Qué te parece, Pepo? ¿Estoy guapo así? Se a...