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El sobre que huele a rosas

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  Hace hoy tres años que me llegó, para mi sorpresa, un sobre sin remitente. Era de papel reciclado anaranjado, fuerte y áspero, pero desgastado y arrugado por las esquinas. Olía a viejo. Parecía haber viajado dando la vuelta al mundo antes de llegar a mis manos. Por el matasellos medio borroso supe que provenía de los EE. UU. Me dio que pensar. El único pariente que nos quedaba allí era el tío Tom, el hermano mayor de mi madre, que había migrado a ese país después de la Segunda Guerra Mundial. Mamá solía recordar la escena desgarradora del puerto: él lloraba a mares, agitando su pañuelo, mientras ella corría tratando de alcanzar la huida del enorme barco que llevaba a cientos de judíos, como ellos. Sus corazones rotos se preguntaban cuándo volverían a verse. Aun así, sabían que era la mejor forma de emprender una nueva vida, lejos de peligros y persecuciones. Cuando yo era pequeña vino alguna vez a vernos a York. Lo recuerdo como un hombre muy alto, vestido con un traje claro....

La marca

Ella marcó, como cada día, el calendario para saber que ya lo había vivido.

Sobre mí

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  Soy Berta‑Isabel , escritora, docente y eterna aprendiz de la vida. Desde muy joven encontré en las palabras un refugio, una forma de ordenar el mundo y de comprenderme a mí misma. Escribo relatos, memorias, poemas y pequeñas reflexiones que nacen de lo cotidiano, de la memoria familiar, de los lugares que habito y de las personas que han dejado huella en mí. Mi escritura es una mezcla de sensibilidad, curiosidad y observación. Me interesa la forma en que los recuerdos se transforman en historias, cómo un gesto mínimo puede contener una vida entera, y cómo la literatura nos permite mirar hacia dentro sin miedo. Este blog es mi casa literaria desde hace años: un espacio donde comparto lo que escribo, lo que descubro y lo que me emociona. Aquí conviven relatos íntimos, ejercicios creativos, fragmentos de memoria y textos que buscan, simplemente, acompañar. Si has llegado hasta aquí, gracias por leerme. Ojalá encuentres en estas páginas algo que te toque, te inspire o te haga...

Yo

  ¡Estoy hasta las narices! Sí. Porque todos dicen que soy la voz. ¿Pero de qué me sirve? ¿Alguien me hace caso? ¡Claro que no!     Yo me esfuerzo en sacar de mi amplio diccionario las mejores palabras: describo su físico, su vestimenta, sus sentimientos, los paisajes y objetos que les rodean, los hechos y acciones que conforman su vida… Por no mencionar que, la mayoría de las veces, entro en sus pensamientos. Los recuerdo, los memorizo, los adivino. Describo sus estados de ánimo, sus depresiones, alegrías, amoríos, devaneos, triunfos, fracasos…     Sin mí, ninguno de ellos sería nada. Porque yo les doy vida.     Y tú, ignorante lector, creerás que es el autor, el protagonista de su obra. ¡Pues estás muy equivocado! Yo soy su auténtico creador. Es mi mente poderosa la que induce esta idea o aquella en la mente de quien coloca sus huellas dactilares sobre el teclado, o de quien se aferra a su lápiz o bolígrafo hasta que da rienda suelta a to...

Ejercicio de memoria

 Ejercicio de memoria Era una cárcel de cristal, tan frágil que parecía que un suspiro podría romperla, pero encerraba algo más oscuro que la noche. Dentro, en el centro, en el interior de un tubo traslúcido, iba tumbada. Yo no sabía quién era, pero presentía que era una mujer. Su cuerpo estaba descubierto hasta la cintura y desde ella, hasta los pies desnudos, la cubría una sábana blanca. Su tez era morena, aunque no pude ver su cabeza ni su cabello. No se distinguían en la distancia. Pero sí puede ver, atrás, unos tubos gruesos, de plástico, sin color, que surgían de debajo de sus pies, colgando hacía afuera. Entre ellos, una caja, cuadrada, baja, de color azul claro y brillante, guardaba algo que no supe adivinar. Aquel carruaje, se deslizaba, lentamente hacia alguna parte, a la derecha. Dejaba, a su paso, un penetrante rastro que me recordó al alcanfor, o no, … a pino, quizás. De fondo el ulular de un búho lejano se dejaba oír.  Luego me lo encontré, de repente, en un semi...

A mi sobrina adoptiva

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El 27 de septiembre de 2023 recibo por WhatsApp un mensaje de los que vivían en mi antiguo piso. -          -   Aquí hay una chica que pregunta por usted. Dice que es hija de su amiga, S. ¿Le puedo dar su teléfono? -          -   Sí, claro. Déselo. Por la tarde recibo un mensaje suyo. Nos añadimos y hablamos. -          -  Tía. Me acuerdo mucho de ti. No he olvidado los días en los que iba con mi madre a tu escuela y escuchaba allí las clases de inglés. He pensado mucho en ti. Tengo muchas ganas de verte. -           -  Ahora no vivo en Madrid. Perdí vuestro teléfono cuando cambié al nuevo y no podía localizaros. Lo intenté por FaceBook, pero nada. Pero cuéntame, ¿qué haces por Madrid? -           -  He venido a hacer un curso intensivo para terminar mi Máster en Psicología. Lo acabo este año. -      ...

La ardilla Rubilla

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  Ahora la ardilla Rubilla Se me sube a la ventanilla. Luego huye al verme. Creo que teme mi mascarilla.   Ya no se pone a brincar, por el jardín, ni sobre la mesilla. Tampoco entra a su casita colgada. Hace lo que le viene en gana. Será porque no tiene mirilla.   ¿Crees que su sabiduría es de pacotilla? Pues ayer mismo al jugar, rodaba Por la rampa arriba una peladilla. ¿No será una Marisabidilla?   ¡Tal vez solo venga a husmear! Puede que sea una cotilla.   Calalberche, 2022.01.17