Cap.5.1. El olor de la despedida
Hay recuerdos que no se guardan en fotografías ni en objetos, sino en el cuerpo. Algunos permanecen como una luz, otros como una herida, y otros —los más difíciles— como un olor que nunca se va del todo. Esta es la historia de mi padre tal y como la vivió una niña de seis años: fragmentos de memoria, voces ajenas, silencios, y un último adiós que impregnó para siempre la casa y mi vida. ¿Qué recuerdos puede tener una niña de seis años sobre su padre? Muy pocos. Así que reconstruiré su figura con los retazos que guarda mi memoria, mezclados con lo que escuché contar a distintas personas sobre él. Mi padre murió seis días después de que el tren nos matara las vacas. El día que papá murió, toda la manzana donde se encontraba nuestra casa se inundó de un hedor putrefacto, tan profundo y penetrante que pasaron años sin que la gente del barrio pudiera olvidarlo. Nunca habían sentido nada igual. La náusea parecía salir de las entrañas de la tierra, como si algo más que un cuerpo s...