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Capítulo 1 - La mujer de negro

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  A mis hijos Una mujer vestida de negro entra en un despacho donde nadie espera que gane. Trae el luto como escudo y la memoria como arma. Frente a ella, un hombre con poder; en ella, una determinación silenciosa. Lo que ocurre después es la historia de cómo una mujer humilde dobla la soberbia con la verdad y la dignidad. ************************************ Mi madre no fue una mujer cualquiera. Fue una mujer de negro. Negra era su ropa, como dictaba el luto perpetuo de su generación. Negro era el pañuelo que le cubría la cabeza, y negro el respeto que imponía al entrar en cualquier sitio. Pero bajo ese luto había una fuerza que no se doblegaba. Una dignidad que no pedía permiso. La historia que sigue no la presencié con mis propios ojos, pero la escuché tantas veces —en boca de mi madre, de mis tíos, de los vecinos— que se me quedó grabada como si la hubiera vivido. Fue su primer acto de rebeldía pública, y también su primera victoria. Así comienza esta memoria: con una...

El despertar incompleto

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  El despertar incompleto (Relato original – 2026) Poco a poco me voy desperezando. Me siento cómoda. La cama es algo blanda. Las sábanas son suaves y huelen a limpio. Levanto la encimera rosada de algodón suave. “¿De quién es este pijama tan grande que llevo? ¿Quién me lo ha puesto? ¿Cuándo?” Vuelvo la mirada. A mi derecha entra un foco de luz, filtrado por unas cortinas gruesas, floreadas en tonos rosados sobre un fondo verde claro. Recorro la enorme habitación con la mirada. “He estado antes aquí… ¿pero, cuándo?” Nada me pertenece. Nada me reconoce. “Nada de esto es mío.” Intento incorporarme. Me fallan las piernas. “¿Y esta mancha amoratada? ¿Dónde me he golpeado? ¿O quién me ha golpeado?” Me siento al borde de la cama. El mareo me envuelve. “¿Qué hace esa ánfora rota en el suelo? ¿Son de oro esas monedas que sobresalen?” Al frente, un armario de seis puertas estrechas, con maleteros cuadrados encima. Algunas puertas están entreabiertas. “No ajustan bien… son muy antiguas...

Las pesadillas de Pepo

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  Entre lo mágico y lo absurdo Se sentía bastante incómodo. —¿Y ahora qué te pasa, Pepo? ¿A qué viene ese meneo de orejas? Con las tijeras volvió a recortarse aquella barba negra y espesa que le colgaba como una bufanda mal tricotada. Afeitarse no le molestaba; ya era costumbre. Pero aquellas barbas repentinas… ¡eran insoportables! Soltó un respingo de mal humor. A través del espejo vio cómo Pepo agitaba sus largas orejas con una solemnidad que casi daba miedo. Le conmovió su inteligencia. ¿Cómo era posible que aquel peludo adivinara lo que pensaba? Pero sí. Aquel chucho lo sabía. Era el único ser del planeta capaz de comprender lo que le ocurría y su estado de ánimo. Al principio no lo relacionó. ¿Cómo iba a hacerlo? Siguió cortándose la barba. —Creo que por hoy lo dejo aquí. Me pasaré la maquinilla ahora. Pepo movía las orejas al compás del zumbido sordo de la máquina, como si marcara el ritmo de un ritual antiguo. —¿Qué te parece, Pepo? ¿Estoy guapo así? Se a...

El sobre que huele a rosas

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  Hace hoy tres años que me llegó, para mi sorpresa, un sobre sin remitente. Era de papel reciclado anaranjado, fuerte y áspero, pero desgastado y arrugado por las esquinas. Olía a viejo. Parecía haber viajado dando la vuelta al mundo antes de llegar a mis manos. Por el matasellos medio borroso supe que provenía de los EE. UU. Me dio que pensar. El único pariente que nos quedaba allí era el tío Tom, el hermano mayor de mi madre, que había migrado a ese país después de la Segunda Guerra Mundial. Mamá solía recordar la escena desgarradora del puerto: él lloraba a mares, agitando su pañuelo, mientras ella corría tratando de alcanzar la huida del enorme barco que llevaba a cientos de judíos, como ellos. Sus corazones rotos se preguntaban cuándo volverían a verse. Aun así, sabían que era la mejor forma de emprender una nueva vida, lejos de peligros y persecuciones. Cuando yo era pequeña vino alguna vez a vernos a York. Lo recuerdo como un hombre muy alto, vestido con un traje claro....

La marca

Ella marcó, como cada día, el calendario para saber que ya lo había vivido.

Sobre mí

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  Soy Berta‑Isabel , escritora, docente y eterna aprendiz de la vida. Desde muy joven encontré en las palabras un refugio, una forma de ordenar el mundo y de comprenderme a mí misma. Escribo relatos, memorias, poemas y pequeñas reflexiones que nacen de lo cotidiano, de la memoria familiar, de los lugares que habito y de las personas que han dejado huella en mí. Mi escritura es una mezcla de sensibilidad, curiosidad y observación. Me interesa la forma en que los recuerdos se transforman en historias, cómo un gesto mínimo puede contener una vida entera, y cómo la literatura nos permite mirar hacia dentro sin miedo. Este blog es mi casa literaria desde hace años: un espacio donde comparto lo que escribo, lo que descubro y lo que me emociona. Aquí conviven relatos íntimos, ejercicios creativos, fragmentos de memoria y textos que buscan, simplemente, acompañar. Si has llegado hasta aquí, gracias por leerme. Ojalá encuentres en estas páginas algo que te toque, te inspire o te haga...

Yo

 Yo  (Texto literario – 2025) Contexto Este texto nació como una exploración íntima de la identidad: una voz que se mira a sí misma, que se nombra, que se reconoce y se cuestiona. Es un fragmento de pensamiento, una pieza breve que funciona como autorretrato emocional y literario. ¡Estoy hasta las narices! Sí. Porque todos dicen que soy la voz. ¿Pero de qué me sirve? ¿Alguien me hace caso? ¡Claro que no!     Yo me esfuerzo en sacar de mi amplio diccionario las mejores palabras: describo su físico, su vestimenta, sus sentimientos, los paisajes y objetos que les rodean, los hechos y acciones que conforman su vida… Por no mencionar que, la mayoría de las veces, entro en sus pensamientos. Los recuerdo, los memorizo, los adivino. Describo sus estados de ánimo, sus depresiones, alegrías, amoríos, devaneos, triunfos, fracasos…     Sin mí, ninguno de ellos sería nada. Porque yo les doy vida.     Y tú, ignorante lector, creerás que es ...