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Las navidades del 61

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ueron las navidades que nunca he olvidado. Yo tenía séis años. Mi padre había muerto aquel 11 de noviembre de 1961, a los veintinueve años, de cáncer de colón tras un año y medio, que había sido terriblemente doloroso y desesperado para él, y dramático para toda la familia. Pero mi madre, la mujer con más coraje que jamás se ha cruzado en mi vida, quería que tuviéramos unas felices fiestas, aunque ella estaba, con solo treinta y un años, agotada, casi anoréxica – y cuando veo la foto del libro de familia que nos hicieron al quedarme huérfana- compruebo que ella había envejecido hasta casi tener el aspecto de una de sesenta años. El día 23, mamá nos vistió como siempre. Ya nunca más volvimos a ponernos aquellos horribles atuendos negros, que la prima de papá, Felisa, se había empeñado en que debíamos llevar puestos desde que papá expiró. Por la noche, nos dijo a Olga, mi hermana (4 años mayor que yo) y a mí, que nos sentáramos junto a ella, después de la cena, para escribir ...

Dehesas revisitada.

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Dehesas se extiende adormecida junto a la vereda del Sil aurífero y, abrazada por milenarias montañas bercianas, oculta su belleza exuberante entre frondosas choperas. Hacía cinco años que no iba a mi pueblo natal -Dehesas- , no porque no me guste, sino porque opté por no seguir haciéndome daño con algo que era irreparable. Me alegro me haber superado y liberado de ese profundo sufrimiento, que me había durado tantos años, al ver a seres tan amados para mí -como mi madre y mi difunto esposo, entre otros- atrapados bajo la frialdad de una lápida. Mi madre falleció el 2 de febrero de 1987, y cuando aún no había superado el hecho de haber perdido su presencia física –que no espiritual- sobrevino el fallecimiento de Vicente, el 2 de julio de 1994. Todo el mundo dice que teniendo dos hijos todo es más llevadero...Para mí los seres que se han cruzado en mi vida, y han dejado su huella en ella , de alguna manera, permanecen adormilados en el recuerdo. Todos, en algún momento, me son necesari...