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Cap. 2. La mujer de negro - Primeros recuerdos: La boda

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  Hay historias familiares que llegan envueltas en humor, en silencios y en pequeñas exageraciones que el tiempo convierte en verdad. Crecemos escuchándolas sin saber que, en realidad, son la raíz de quienes somos. Este capítulo recoge una de esas escenas fundacionales: el encuentro imposible de mis padres, sus miedos, sus terquedades y la boda humilde que abrió el camino de nuestra familia. En este capítulo regreso a los orígenes de mi familia: un amor improbable, una boda pobre y un comienzo lleno de riesgos, humor y dignidad. Mamá había conocido a mi padre, dos años antes, en una fiesta de Carnaval. Ambos estaban disfrazados. Ella de hombre y él de payaso. Él llevaba un palo y le dio un golpe en el cogote. —¡Animal! ¿Es que quieres matarme? Papá le sonrió. No me extraña que la enamorara: su sonrisa era encantadora. A veces, cuando papá se escapaba de noche a ver a su novia, tenía que esconderse tumbado en los surcos de las fincas de maíz o frutales. Por entonces aún corrían por ...

Cap. 2. La mujer de negro - Primeros recuerdos: Nací en la casa de un sastre

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  Nací en una casa de piedra, sobre el taller silencioso de un sastre solitario. De aquellos días sólo guardo destellos: una luz temprana, el frío de las paredes, el rumor de mi madre pedaleando hacia Ponferrada. Allí empezó todo, entre telas negras y memorias que otros me contaron antes de que yo pudiera recordarlas. ***** No es fácil escribir sobre los primeros recuerdos. Lo que guardo en la mente es una mezcla de imágenes vividas y relatos que otros pusieron en mis oídos. La memoria, a veces, es un telar donde se confunden los hilos. Nací el 28 de marzo de 1955. Me dijeron que era miércoles, y con eso me quedé. También que fue temprano, sobre las seis de la mañana. Tal vez por eso nunca me ha molestado madrugar: como si el cuerpo recordara la hora en que empezó todo. Vine al mundo en una casa antigua, de piedra, fría en invierno y fresca en verano. Mis padres alquilaban la parte de arriba a Fernando, el sastre. Era un hombre enjuto, de pelo rizado y canoso, siempre vestido de ne...

Capítulo 1 - La mujer de negro

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  A mis hijos Una mujer vestida de negro entra en un despacho donde nadie espera que gane. Trae el luto como escudo y la memoria como arma. Frente a ella, un hombre con poder; en ella, una determinación silenciosa. Lo que ocurre después es la historia de cómo una mujer humilde dobla la soberbia con la verdad y la dignidad. ************************************ Mi madre no fue una mujer cualquiera. Fue una mujer de negro. Negra era su ropa, como dictaba el luto perpetuo de su generación. Negro era el pañuelo que le cubría la cabeza, y negro el respeto que imponía al entrar en cualquier sitio. Pero bajo ese luto había una fuerza que no se doblegaba. Una dignidad que no pedía permiso. La historia que sigue no la presencié con mis propios ojos, pero la escuché tantas veces —en boca de mi madre, de mis tíos, de los vecinos— que se me quedó grabada como si la hubiera vivido. Fue su primer acto de rebeldía pública, y también su primera victoria. Así comienza esta memoria: con una...

El sobre que huele a rosas

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  Hace hoy tres años que me llegó, para mi sorpresa, un sobre sin remitente. Era de papel reciclado anaranjado, fuerte y áspero, pero desgastado y arrugado por las esquinas. Olía a viejo. Parecía haber viajado dando la vuelta al mundo antes de llegar a mis manos. Por el matasellos medio borroso supe que provenía de los EE. UU. Me dio que pensar. El único pariente que nos quedaba allí era el tío Tom, el hermano mayor de mi madre, que había migrado a ese país después de la Segunda Guerra Mundial. Mamá solía recordar la escena desgarradora del puerto: él lloraba a mares, agitando su pañuelo, mientras ella corría tratando de alcanzar la huida del enorme barco que llevaba a cientos de judíos, como ellos. Sus corazones rotos se preguntaban cuándo volverían a verse. Aun así, sabían que era la mejor forma de emprender una nueva vida, lejos de peligros y persecuciones. Cuando yo era pequeña vino alguna vez a vernos a York. Lo recuerdo como un hombre muy alto, vestido con un traje claro....

Sobre mí

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  Soy Berta‑Isabel , escritora, docente y eterna aprendiz de la vida. Desde muy joven encontré en las palabras un refugio, una forma de ordenar el mundo y de comprenderme a mí misma. Escribo relatos, memorias, poemas y pequeñas reflexiones que nacen de lo cotidiano, de la memoria familiar, de los lugares que habito y de las personas que han dejado huella en mí. Mi escritura es una mezcla de sensibilidad, curiosidad y observación. Me interesa la forma en que los recuerdos se transforman en historias, cómo un gesto mínimo puede contener una vida entera, y cómo la literatura nos permite mirar hacia dentro sin miedo. Este blog es mi casa literaria desde hace años: un espacio donde comparto lo que escribo, lo que descubro y lo que me emociona. Aquí conviven relatos íntimos, ejercicios creativos, fragmentos de memoria y textos que buscan, simplemente, acompañar. Si has llegado hasta aquí, gracias por leerme. Ojalá encuentres en estas páginas algo que te toque, te inspire o te haga...

Yo

 Yo  (Texto literario – 2025) Contexto Este texto nació como una exploración íntima de la identidad: una voz que se mira a sí misma, que se nombra, que se reconoce y se cuestiona. Es un fragmento de pensamiento, una pieza breve que funciona como autorretrato emocional y literario. ¡Estoy hasta las narices! Sí. Porque todos dicen que soy la voz. ¿Pero de qué me sirve? ¿Alguien me hace caso? ¡Claro que no!     Yo me esfuerzo en sacar de mi amplio diccionario las mejores palabras: describo su físico, su vestimenta, sus sentimientos, los paisajes y objetos que les rodean, los hechos y acciones que conforman su vida… Por no mencionar que, la mayoría de las veces, entro en sus pensamientos. Los recuerdo, los memorizo, los adivino. Describo sus estados de ánimo, sus depresiones, alegrías, amoríos, devaneos, triunfos, fracasos…     Sin mí, ninguno de ellos sería nada. Porque yo les doy vida.     Y tú, ignorante lector, creerás que es ...

Ejercicio de memoria

 Ejercicio de memoria Era una cárcel de cristal, tan frágil que parecía que un suspiro podría romperla, pero encerraba algo más oscuro que la noche. Dentro, en el centro, en el interior de un tubo traslúcido, iba tumbada. Yo no sabía quién era, pero presentía que era una mujer. Su cuerpo estaba descubierto hasta la cintura y desde ella, hasta los pies desnudos, la cubría una sábana blanca. Su tez era morena, aunque no pude ver su cabeza ni su cabello. No se distinguían en la distancia. Pero sí puede ver, atrás, unos tubos gruesos, de plástico, sin color, que surgían de debajo de sus pies, colgando hacía afuera. Entre ellos, una caja, cuadrada, baja, de color azul claro y brillante, guardaba algo que no supe adivinar. Aquel carruaje, se deslizaba, lentamente hacia alguna parte, a la derecha. Dejaba, a su paso, un penetrante rastro que me recordó al alcanfor, o no, … a pino, quizás. De fondo el ulular de un búho lejano se dejaba oír.  Luego me lo encontré, de repente, en un semi...

A mi sobrina adoptiva

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El 27 de septiembre de 2023 recibo por WhatsApp un mensaje de los que vivían en mi antiguo piso. -          -   Aquí hay una chica que pregunta por usted. Dice que es hija de su amiga, S. ¿Le puedo dar su teléfono? -          -   Sí, claro. Déselo. Por la tarde recibo un mensaje suyo. Nos añadimos y hablamos. -          -  Tía. Me acuerdo mucho de ti. No he olvidado los días en los que iba con mi madre a tu escuela y escuchaba allí las clases de inglés. He pensado mucho en ti. Tengo muchas ganas de verte. -           -  Ahora no vivo en Madrid. Perdí vuestro teléfono cuando cambié al nuevo y no podía localizaros. Lo intenté por FaceBook, pero nada. Pero cuéntame, ¿qué haces por Madrid? -           -  He venido a hacer un curso intensivo para terminar mi Máster en Psicología. Lo acabo este año. -      ...