Cap. 4. El principio del fin
Hubo un día en que la vida dejó de ser como había sido siempre. Un aviso, una cuesta, un tren y el golpe que abrió una grieta en nuestra historia familiar. Hay sucesos imprevistos que no podemos controlar, por mucho que planifiquemos. Esos marcan un antes y un después en nuestras vidas, pero solo somos conscientes de ello con el paso del tiempo. El otoño de 1961 fue terrible para mi familia. Pero, siendo agricultores, las labores del campo no podían descuidarse. Mi madre no daba abasto: atender la casa, ordeñar la vaca, cuidar la huerta, hacer el pan, regar a cualquier hora del día o de la noche según el turno, cocinar, lavar, limpiar, hacer de enfermera… Todo se le volvía cuesta arriba. La mañana del 6 de octubre, el tío Cecilio estuvo desde el amanecer sacando el estiércol de la cuadra. Llenó un carro entero. Mi tío trabajaba lento, así que llegó la hora de la comida y aún tenía que llevar el abono al otro lado de la vía, a una finca que estaba a unos cuatro kilómetros y medi...