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Pasajera sin destino

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"La viajera" de Camilo Mori Mi equipaje, mucho há empacado, Va ligero, como querría Machado. En mi escasa valija: Unos pocos recuerdos, Algunos sueños, Sonrisas, Besos, Caricias... Pensará él: "¡Cuánta baratija!" Fruslerías para que él elija... - “¿Destino?” Me preguntó la taquillera. - “Elija usted... ¡Donde usted quiera!” - A la Eternidad le venderé. - Si no queda otra... ¡Allí lo encontraré! Cuál Penélope paseando, Desesperando espero Al amado por el que muero. Pasó un tren repleto, Luego otro y otro, Para mí vacío Sin mi ser querido. No te he reconocido O no te he visto. No me he subido. Me pareció ir en tu tren. Que estaba en él. Siento como se apresura, A entrar en mi edad de la espesura, Mientras adolece mi mesura, Siento plena mi ternura. ¿Estás de pie o viajas sentado? ¿Vas lejos o estás a mi lado? Presiento tu temor... Te resistes a abandonar tu desamor. Ya no te encuentro. Tu ausencia Fomenta mi desaliento. Tu presencia Era mi alimento. No me rehuya...

La Caléndula

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Aunque al principio estaba nervioso poco a poco se tranquilizó . Aquel joven pianista le había parecido de fiar a pesar del corto tiempo que se conocían. A penas hubo conversado con él por primera vez, se dio cuenta de que era todo un caballero y lo suficiente sensible como para comprender el asunto que le preocupaba. No tuvo la menor duda de que, a partir de aquel instante, todo cambiaría, tanto para él como para su hija. Él la adoraba y era capaz de hacer por ella cualquier cosa. No dudó en invitarle a su casa. Como era un hombre generoso trató a su convidado cual príncipe, dentro de las estrecheces que su familia pasaba. Puso la disculpa de que a su hija le encantaría escucharle tocar el piano, pero él era sabedor de que estaba estropeado desde que su esposa falleció. ¡Al fin y al cabo era una razón de peso para convencer a un pianista a visitar su humilde morada! Cuando el joven llegó, él tuvo en cuenta la cara de agrado con que miró a su hija por primera vez. Desde entonces ya no...

Sobre la violencia “familiar”

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Based on M. Phillips " Rape " No quiero llamar a esta clase de violencia “ machista ”, porque de ella estaría excluyendo a las mujeres que son capaces de maltratar sus esposos / parejas hasta llegar anular su voluntar convirtiéndolos en sus peleles; ni tampoco quiero denominarla “ de género ”, ¿qué género, el masculino, el femenino o ambos? Porque se la está llamando así por los medios de comunicación y los políticos cuando las mujeres son las agredidas ¿Es que las mujeres no tenemos, entonces, género? ¿Qué género tienen las niñas y los niños violados? ¿Porqué quiero llamarla “ familiar "? Porque creo no debemos excluir de ella las situaciones de violencia producidas por padres a hijos y viceversa. Que también salen con frecuencia en los medios...pero ¿cuántas más habrá que no se saben? Creo que la familia es el reducto más pequeño en el que nos relacionamos los seres humanos. El más querido – el que más debería de protegernos y de hacernos felices- y t...

La princesa Sadeene

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Dedicado a mi amiga Shabeene Hay amistades que merecen un cuento, y hay cuentos que solo pueden nacer de la risa compartida, de las penas que se atraviesan juntas y de ese cariño que convierte cualquier tragedia en fábula. Este relato nació así: como un pequeño homenaje a una amiga luminosa, disfrazado de historia de princesas, príncipes despistados y destinos que se tuercen para volver a enderezarse. Un cuento para recordar que incluso en los reinos más remotos, donde la tristeza parece eterna, siempre puede aparecer una chispa capaz de devolver la alegría. Sadeene, la Princesa que lloraba mares y reía tempestades Érase una vez una Princesa llamada Sadeene , que vivía en un país tan remoto que ni el cartógrafo más tozudo habría logrado situarlo sin acabar bizco y renegando de su oficio. Su nombre le venía que ni pintado, porque hubo un tiempo en que fue, sin exagerar, la criatura más tristona que había pisado el universo conocido y el por conocer. Era menuda como Pulgarcita, bla...

Si yo lo tuviera todo

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Si yo lo tuviera todo, Más el amor me faltara, Nada sería. El sentido mi existencia perdería, Tornándose en dolor. Mi vida todo lo apuesta... Al amor. Y lo que no lo es, A mi ser sosiego resta. Madrid, 6 de noviembre de 2008

Mea culpa

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Los estragos que había hecho en ella el ardiente y apasionado sol de verano se iban disipando. Pronto llegaría a encontrar la armonía que necesitaba para sobrevivir al solitario y desapacible invierno. Recogió con suavidad los pedacitos de su corazón, que un día de agosto habían sido víctimas de una explosión frustrante, y que desde entonces se encontraban esparcidos por el inmenso universo de los desengaños. Procuró unirlos, sin que las cicatrices doloridas sobresalieran de su piel, y trató de mantener una fingida sonrisa. Sus ojos de profundo oscuro, que una vez habían brillado por la esperanza, se volvieron taciturnos por el dolor, rodeándose de una profunda huella violácea, tornaron su mirada hacia dentro, cual ventanitas protectoras contra todos los avatares externos. Huyó a contemplar las montañas, imágenes de necesidad vital, que suponían un bálsamo de alivio para sus llorosas retinas. Se fue lejos. Voló alto. Entre nubes extrañas dejó pasar una eternidad de ...

¡Vida perra!

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Foto robada a Kori A Kori y a Glo Vaya, ¡tenemos compañía! ¡Ya está aquí la amiga de Gloria! Berta me para, a veces, cuando me grita más fuerte que Gloria, la madre de Kori. “¡Haika, ven por aquí! ¡No, no te acerques a la carretera!”. A mí no me gusta que me detengan ¡Cómo me fastidia que me haga dar la vuelta! Además, ¿qué tiene ella que ver conmigo? ¡Creo que se toma demasiadas confianzas solo por haber sido profesora de Kori! Cuando veo a uno de esos bichos mecánicos que bufan apestosamente de un lado para otro, me priva lanzarme a todo pasto a desafiarlos: ¡A ver quién llega antes a las luces que cambian de color! ¿Creen que me van a ganar? Yo corro, y corro…, a veces hasta quedar exhausta. Menos mal que la mayor parte del tiempo llevo la lengua fuera, sino, ¡ya me habría muerto por falta de aliento! Siento que he nacido para no estar quieta. Yo no soy de esas que se acurrucan en un rincón a esperar que alguien les diga: "¡Vamos!". Voy de allá para acá...