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La princesa Sadeene

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Dedicado a mi amiga Shabeene Érase una vez una Princesa, por nombre Sadeene, que moraba en un país muy apartado. Tan remoto, que nunca hubieses sido capaz de encontrarlo en el mapa, por mucho que te empeñaras en escudriñar el susodicho. Su apelativo, Sadeene, * le venía como anillo al dedo, porque hubo un momento en su vida que realmente era la Princesa más tristona que jamás habitara el universo. Era agraciada, más diminuta que Pulgarcita, de tez más albina que las cumbres del Kilimanjaro, sus ojillos y cabellos, de negro tan penetrante, que los de Luther King resultarían claros junto a los suyos, y de carácter más repipi y femenil que el de la Princesa del Guisante. Nuestra Princesa creció vivaracha como una pandereta, y tan bien instruida que hasta Bernard Shaw la hubiese admirado por su juicio e ilustración. Aunque tenía en mente no casarse nunca y reinar como si otra Isabel I de Inglaterra fuese. Un buen -o mal momento, depende de cómo se mire- fue a tropezarse...

Si yo lo tuviera todo

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Si yo lo tuviera todo, Más el amor me faltara, Nada sería. El sentido mi existencia perdería, Tornándose en dolor. Mi vida todo lo apuesta... Al amor. Y lo que no lo es, A mi ser sosiego resta. Madrid, 6 de noviembre de 2008

Mea culpa

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Los estragos que había hecho en ella el ardiente y apasionado sol de verano se iban disipando. Pronto llegaría a encontrar la armonía que necesitaba para sobrevivir al solitario y desapacible invierno. Recogió con suavidad los pedacitos de su corazón, que un día de agosto habían sido víctimas de una explosión frustrante, y que desde entonces se encontraban esparcidos por el inmenso universo de los desengaños. Procuró unirlos, sin que las cicatrices doloridas sobresalieran de su piel, y trató de mantener una fingida sonrisa. Sus ojos de profundo oscuro, que una vez habían brillado por la esperanza, se volvieron taciturnos por el dolor, rodeándose de una profunda huella violácea, tornaron su mirada hacia dentro, cual ventanitas protectoras contra todos los avatares externos. Huyó a contemplar las montañas, imágenes de necesidad vital, que suponían un bálsamo de alivio para sus llorosas retinas. Se fue lejos. Voló alto. Entre nubes extrañas dejó pasar una eternidad de ...

¡Vida perra!

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Foto robada a Kori A Kori y a Glo Vaya, ¡tenemos compañía! ¡Ya está aquí la amiga de Gloria! Berta me para, a veces, cuando me grita más fuerte que Gloria, la madre de Kori. “¡Haika, ven por aquí! ¡No, no te acerques a la carretera!”. A mí no me gusta que me detengan ¡Cómo me fastidia que me haga dar la vuelta! Además, ¿qué tiene ella que ver conmigo? ¡Creo que se toma demasiadas confianzas solo por haber sido profesora de Kori! Cuando veo a uno de esos bichos mecánicos que bufan apestosamente de un lado para otro, me priva lanzarme a todo pasto a desafiarlos: ¡A ver quién llega antes a las luces que cambian de color! ¿Creen que me van a ganar? Yo corro, y corro…, a veces hasta quedar exhausta. Menos mal que la mayor parte del tiempo llevo la lengua fuera, sino, ¡ya me habría muerto por falta de aliento! Siento que he nacido para no estar quieta. Yo no soy de esas que se acurrucan en un rincón a esperar que alguien les diga: "¡Vamos!". Voy de allá para acá...

Mientras duermo

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Mientras duermo, Tal vez sueño, Tal vez canto, O amo, O río. Mientras duermo, No pienso, No siento, Ni sufro, Ni lloro. Mientras duermo, No recuerdo... ¡Tal vez vivo! Madrid, 5 de octubre de 2008

Gracias a tu corazón

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Poema dedicado a mi hermana Olga.   ¡Qué tiempos aquellos!  De historias fabulosas,  Chistes incomprensibles,  Terroríficos relatos,  Hazañas y bravuconadas...  Todos contados al mor de la lumbre,  Con espíritus encendidos,  Junto al fulgor de las llamas,  Mientras el tambor giraba,  Dando paso al delicioso perfume,  De las castañas asadas.  Trepando el humo se dispersaba,  Ahumando el secado  De los rojizos colgados:  Chorizos, morcillas y botillos  Entre cachuchas, orejas y untos  Sus riestras colgaban.  Y lentamente, como por arte de magia,  Ennegrecidos con el tiempo se tornaban.  Allí, apartada de la lumbre,  La espita con las hozadas.  Acullá, sobre los platos de la alacena,  El chisporroteante rescoldo de reflejaba.  Del pote del calco gallego,  Bajo una tapadera opresora,  Vapores hechizantes se escapan,  Impregnando la estancia,  Y hasta ...

Desarmada

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Tu nombre Único que en mi mente Una y otra vez se repite Mientras una gran fuerza interior Dentro de mi crece Y hacia ti me empuja. Tu imagen Invade mi ser Y hace todo en mi vibrar. Siento mi voluntad doblegada A ti sometida Y entregada. ¿A dónde voló mi alma rebelde? Que a la tuya Con ternura Se somete. No encuentro mi ser Ni mi estar Y solo de tu presencia Dependen. Mis deseos Se tornaron En compartir Tus ilusiones, Tus sueños, Tus noches Con sus días. ¡Como anhelo En tus ojos verme, Hacer tu corazón latir, Tus labios besar, Bajo tu piel sentir, En tus brazos amar, Soñar, Dormir! ¡Ay! ¿qué queda de mí, cuando mi dicha está en ti? Madrid, 3 de agosto de 2008