Yo
¡Estoy hasta las narices! Sí. Porque todos dicen que soy la voz. ¿Pero de qué me sirve? ¿Alguien me hace caso? ¡Claro que no! Yo me esfuerzo en sacar de mi amplio diccionario las mejores palabras: describo su físico, su vestimenta, sus sentimientos, los paisajes y objetos que les rodean, los hechos y acciones que conforman su vida… Por no mencionar que, la mayoría de las veces, entro en sus pensamientos. Los recuerdo, los memorizo, los adivino. Describo sus estados de ánimo, sus depresiones, alegrías, amoríos, devaneos, triunfos, fracasos… Sin mí, ninguno de ellos sería nada. Porque yo les doy vida. Y tú, ignorante lector, creerás que es el autor, el protagonista de su obra. ¡Pues estás muy equivocado! Yo soy su auténtico creador. Es mi mente poderosa la que induce esta idea o aquella en la mente de quien coloca sus huellas dactilares sobre el teclado, o de quien se aferra a su lápiz o bolígrafo hasta que da rienda suelta a to...