La ardillita Azorita
Contexto
Este cuento nació de una observación cotidiana:
la visita inesperada de una ardilla que, con su carácter curioso y su ritmo
propio, convirtió un rincón doméstico en un pequeño escenario natural.
Lo que empezó como una anécdota se transformó en un retrato afectuoso de
Azorita, una ardillita que va y viene con total libertad.
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| Foto tomada en Calalberche por M. Teresa L. Herranz. Gracias por cedérmela. |
Cuento: La ardillita Azorita
Hay una ardilla que me visita cuando le viene en
gana.
A mi muro se encarama o brinca de rama en rama.
Escoge hojas, ramitas, yerba o musgo…
Con gran sentir y arte las va entretejiendo en su nido.
— ¡Ahí va! ¿Dónde se ha metido?
Para cuando vengan sus bebés, ella quiere tener
un buen mullido.
Porque Azorita —la llamo así porque se azora
cuando me ve de reojo— está solicitada.
Cuatro pretendientes rubios la rondan.
Este enero, alguno la dejará preñada.
Ella no tiene ni miedo ni vergüenza.
De todo pasa.
Va y viene por mi terraza, como Pedro por su casa.
Azorita husmea por mis vallas, comiendo las bayas
de mis coníferas y arbustos.
Con lo que más disfruta es variando de gustos.
Para mayo, cuando empieza la calor, mi ardillita
probará de nuevo el amor.
Tendré nuevas ardillas rojas saltarinas para cuando lleguen las golondrinas.
Calalberche, 01/02/2019
Actualización
(2026)
Releo este cuento y sigo viendo en él la misma
ternura que me inspiró entonces: la convivencia silenciosa entre lo humano y lo
salvaje, la sorpresa de lo cotidiano y la belleza de observar sin intervenir.
Lo mantengo aquí como parte de mi memoria literaria y emocional.
Enlaces internos recomendados
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- And I Still Rise / Y aún así me levanto (Poema traducido)
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